Groovy

 

La historia de Billy Walker, personaje principal de Groovy, novela de Leopoldo Tablante (Random House Mondadori, 2007), comienza justo en el momento en que Tania, quien vivía con Billy y pagaba de forma muy precaria los gastos que en un principio fueron compartidos, decide abandonarlo y desaparecer. "Estaba tan concentrado repitiendo la canción e inventando pasos de baile que no pudo notar que lo habían abandonado".

A partir de allí se desarrolla una trama en la que el lector podrá sentir que se mueve con Billy a lo largo de un pedazo de su vida, aunque a veces pareciera que más que vivir él sólo se dejara llevar: "La felicidad es el sublime estado de no darse cuenta". Acota el narrador hacia el final de la novela. Capaz de producir compasión y repulsión con la misma facilidad, Billy es un liberiano que puede tener el atractivo de un modelo de Kenneth Cole y andar por toda Nueva York "disfrazado" de Thelonius Monk. Es un característico personaje que lleva el cabello rapado y la barba trenzada. Pero creo que la mejor descripción de Billy la hace el mismo autor: "Marvin Graye era Marvin Graye, pero Billy Walker era Billy Walker: vecino abandonado de Kingston Avenue, inquilino moroso de la señora Still y amante lleno de buenas intenciones aunque mucho menos diestro que una botella plástica de baño de espuma. En fin, Billy tenía sus razones para sentirse miserable." Groovy es la primera novela de Leopoldo Tablante y la muestra de que, sin duda, sigue creciendo como narrador. Las peripecias de Billy para sobrevivir al abandono de Tania son la mejor muetra de ello.

A propósito de La Huella del Bisonte

Hace algún tiempo pude leer esta carta que transcribo acá textualmente. Y si no la he colgado acá antes es porque no había conseguido la autorización del remitente. El texto se parece bastante a lo que me hubiese gustado escribir a propósito de la novela La huella del Bisonte.

La carta en cuestión fue escrita por Yadira Pérez y aprovecho el lanzamiento de la página web de la novela, para hacerla pública.


Maracay, 21 de mayo de 2008

Querido Héctor:

Recibe antes que nada mi más afectuoso saludo.

Querido amigo, leí tu novela "La huella del bisonte", terminé de hacerlo apenas esta mañana. Pero antes de darte mi apreciación, quizá sea pertinente aclarar que nunca he sido buena haciendo críticas literarias, ya que mis lecturas se dan siempre desde el disfrute o lo emotivo, que es todo lo contrario del hecho intelectual. Jamás, y esto lo aplico también al cine, pretendo hacer un análisis o estudio de algo con lo que deseo distraerme. Una vez hecha la aclaratoria, ahora sí te doy mi humilde opinión.

Ya antes de terminarla (me refiero a la novela) la definía, no como una novela erótica, que es la etiqueta que trae, sino más bien como una novela psicológica que, dicho sea de paso, es un tema apasionante y -a mi parecer- mucho más complicado a la hora de narrar. Tu novela me llevó por muchas rutas emocionales y así pasé de una pequeña inquietud, a la alegría de reconocerme en una adolescente que creía olvidada, de la nostalgia a la rabia y la frustración, del dolor a la amargura, pero sobre todo a esta última. Me sentí Karla, Gabriela, Raquel, América y todas a la vez. Me sentí retratada y miserable. "La huella del bisonte" me llenó de desolación, de angustia por las cosas que nos toca vivir, por esos nueve centímetros de piel marcada que con triste romanticismo cargamos casi todas las mujeres. Tu novela me dejó un amargo sabor en la boca y una sensación extraña en el corazón, por esa ingenuidad con la que todos venimos a la vida (hombres y mujeres) y vamos dejando en el camino, en el autobús, en la avenida Lecuna o en cualquier otra, y que nunca, por mucho esfuerzo que hagamos, volvemos a recuperar. Pero es una novela hermosa, dolorosamente hermosa y perversa. Con un lenguaje sencillo, cotidiano, real, sin complicaciones pero limpio y elegante. En fin, amigo, tu novela me gustó, la disfruté, la viví y la sufrí como debe degustarse, disfrutar, vivir y sufrir una obra literia exquisita.

Te quiere, Yadira.