Kuitas Karaqueñas

A veces la rutina, ya lo he dicho, se convierte en una trampa que asfixia, lentamente, sin darte cuenta. Y te ves cantando aprisa la canción de cuna con la cual, a último momento, chantajea la nena para irse a la cama tranquila. Todo con tal de llegar pronto al libro que espera y que no quieres seguir posponiendo, como con esa copia de Crash que desde hace un mes reposa sobre el DVD. O como aquella reseña que prometí preparar hace meses, esa la de Las kuitas del hombre mosca, de Eduardo Liendo (El mago de la cara de vidrio, Mascarada, Los platos del diablo, entre otras).
Pues bien, ¡por fin! ya está lista, después de aplazarla mil veces. Vaya esta disculpa pública (aunque sea poco el público) para Eduardo, a quien la había ofrecido desde hace tanto tiempo.
Las karaqueñas kuitas de un antiheroe se puede leer aquí. Una visión distinta de la ciudad que conocemos es la que nos regala Temístocles (el protagonista) convertido en mosca. “Vainas de la patria” es una muestra de su particular modo de ver Karakas. Esa que no vemos. Brutal y absurda, la que despierta mientras la nena duerme.

El palacio de la luna, encantador y misterioso

Una historia bien contada es algo que agradezco y agradezco aun más cuando sé que el autor de la historia tiene otros relatos igual de buenos, si no es que mejores. No conocía de la existencia de Paul Auster, sino hasta hace un par de años que lo escuché nombrar y es apenas ahora que lo he podido leer. ¿Atrasadísima en cuanto a novedades literarias se refiere?, es cierto, pero sólo a medias. ¿Alguien se ha preguntado cuántos libros se pueden haber escrito desde Homero hasta Auster? Volviendo a Auster, decía que no es sino hasta ahora cuando he podido leer un par de sus libros. Primero, El cuaderno rojo, libro de ¿relatos? extremadamente corto escrito en el idioma de las coincidencias o del destino, según como se prefiera. Y en ese mismo lenguaje pero mucho más extensa, El Palacio de la Luna (1989).

Si alguien me preguntara cuáles son las novelas que me han marcado a lo largo de mi vida, sostendría que esta es la más reciente. La narración del palacio de la luna se parece a lo que podríamos entender por Destino: una fuerza sutil que te va llevando por caminos insospechados, hacia un desenlace que el lector no espera. Por momentos pareciera, incluso, que el mismo Auster no sabe para dónde dirige a sus personajes. Los lleva de una situación a otra con la misma naturalidad con la que vivimos. Y al final queda la certeza de que los personajes están vivos. Tal vez es por la astucia de Auster de escribir ficción/realidad, como en el pasaje dedicado al pintor norteamericano Ralf Blakelock (amigo de Julian Barber, personaje de la novela); tal vez es que en la ficción bien escrita se pierden estas fronteras.

La pintura: Moonlight de Ralf Albert Blakelock. Encantador y misterioso, como el destino.

Por qué al lado del camino?

Puedo intentar mil maneras de presentar este blog, pero creo que su nombre lo hace bien. Estas son las notas que escribo sobre lo que me mueve en la vida, en este momento del camino en que me detengo por razones forzadas. Un año sabático para ocuparme de esas personas chiquticas que amo y que atentan contra la cordura de quien solía hacer más cosas de la que hace actualmente. Una manera de conectarme con el exterior, con quien va por la vía, de pedir la cola antes de empezar a caminar, de comentar libros y películas (lo que me gusta), de la rutina y sus trampas (lo que a duras penas soporto).
Espero lograr retener, aunque sea por un rato, a quien pase por aquí. No voy a decir que no quiero lectores, si así fuera no abriría este espacio. Sean bienvenidos.