La huella del bissonte

La huella del bisonte

Después de haber visto y leído las diferentes versiones, después de haber visto y revisado las pruebas, después de haber participado activamente en la elaboración de la foto que hizo Luis Brito para la portada, y después de estar leyéndola, ahora sí, ya impresa, aún me emociona saber que se presenta este jueves 15 y no puedo más que pasarles la invitación:

 La cita es a las 7:00 PM en los Espacios Abiertos Econoinvest, en la Torre Mene Grande, la presentación está a cargo de Oscar Marcano y, por supuesto habrá el merecido vino de honor.

Allá nos vemos.

Paradójico Kusturica

emir kusturicaEl autor de esa magnífica película llamada Underground, que denuncia las trampas y las mentiras del poder y de los gobiernos "revolucionarios", viene a Caracas invitado por el gobierno de Venezuela a dar una conferencia sobre Cine y Revolución…

¿Sabrá Emir Kusturica que aquí, en gran medida gracias a Chávez, también se puede decir "había una vez un país"?

Dos meses de vacaciones

Eso no es gran cosa,
pero algo hay que escribir

El último de la fila

Era la tercera vez que entraba en esa oficina. Me senté el escritorio que me asignaron y apenas levantar la vista me percaté de algo que no había visto hasta entonces. Justo frente a mí había una pequeña foto enmarcada de la cúpula de una iglesia. Un golpecito de emoción. La conozco. Es la de Nuestra Señora de Guadalupe en La Victoria. A los lados hay más fotos que hacen una desordenada galería. Una descuidada exposición del paseo colonial. La antigua cárcel de la ciudad, que luego pasó a ser sede del Consejo Municipal y después se convirtió en Centro de Información Digital, la casa de las Ríos, el Centro Comercial Colonial, otra vista del CID, La iglesia de La Candelaria. Todas puestas ahí como a propósito. Como para que en esa nueva etapa que comenzaba no me olvidará de lo que he sido. Como para que no me olvide de que caminé por allí todos los días camino a mi casa, a cuatro cuadras de la Plaza José Félix Ribas de la vieja Iglesia Matriz. Cuando ese era mi mundo. Ese, y la Casa de Santiago Mariño. La única que falta, tal vez porque hubiese sido doloroso verla ahora, desde tanta distancia. La que no sé si me gustaría mirar en mi nueva oficina, para recordar esos días, cuando a media tarde miraba llover a través de los ventanales. Allá en la vieja casa del olvidado general.

En estos días, en que sumo un año más a mi cuenta privada, reviso este espacio del que me tomé más de dos meses de vaciones y del que empezaba a sentir la misma nostalgia que por las calles de aquel boulevard victoriano, y en honor a todas las tardes que caminé por allí escribo estas lineas, para retomarme y empezar de nuevo, una vez más.

A pesar de ellos

Para nadie es secreto lo movida que ha estado la política en Venezuela en estos días, y el que no lo sepa, que se de una vueltica por aquí, para que se ponga al día. Por mi parte aún estoy borracha de victoria electoral, a pesar de ellos, a pesar de sus amenazas. Creo que pocas veces he salido a la calle dispuesta a hacer las compras navideñas con tanta determinación, con tanta emoción, con el mismo ímpetu con que salimos a comprar velas y comida para abastecernos por si "algo sucedía"; con esa misma disposición nos lanzamos a la calle de compras para celebrar las fiestas que se avecinan. No dispongo de mucho tiempo y sé que después de todo, esto no dura más de quince días. Pero este año particularmente quiero celebrar. Mi acostumbrado balance es positivo. La navidad sigue siendo la navidad que conozco desde siempre, con todo lo que me gusta y lo que no me gusta de ella. Recuerdo que antes solía molestarme más; en ese tiempo en que pretendí alejarme de todo lo que oliera a navidad. Puro mercadeo, me decía. La navidad en Venezuela este año está salpicada de la angustia que produjo el referendo constitucional y las posteriores amenazas del jefe de Estado de que él (así, porque le dá la gana) igual va a imponer lo que le parezca de su propuesta de constitución. Sin embargo hay que celebrar, parece que nos decimos los venezolanos. No sólo el triunfo del No. Hay que celebrar la vida en un país que tiene uno de los más altos índices de violencia en el mundo. Hay que celebrar una navidad más de vida, hay que celebrar antes de la reconversión monetaria y de la inflación que esperamos para el año que viene.

Hay que celebrar las buenas noticias (que las hay), esas que ocupan poco centimetraje en la prensa, pero que ni siquiera las más grandes vulgaridades logran opacar.

Esta navidad voy a celebrar la mención que acaba de obtener Pedro Enrique Rodríguez en el Concurso Internacional de Cuentos Juan Rulfo, orgullo por partida doble, el único venezolano que estuvo en la pelea (entre 5500 cuentos participantes) y un muy querido amigo. De esos que se aprecian profundamente aunque casi no se vean en persona. Voy a celebrar El premio que obtuvo la escritora Krina Ber en el Concurso de Cuentos de Sacven. Krina es de esas personas que se van ganando el respeto de los lectores como debe ser, con trabajo sostenido. Y por supuesto, voy a celebrar El amor en tres platos, una recopilación de cuentos de Héctor Torres, que acaba de publicar la Editorial Equinoccio. Una edición muy bien cuidada y muy bonita. Y por si fuera poco, con Héctor también, voy a celebrar las pruebas de galera que se encuentan sobre nuestro escritorio. Las pruebas de el libro que se publicará el año que viene. A celebrar entonces, los pocos días que dura la navidad. A pesar de las amenazas y y de lo que se avecina, a pesar de ellos.

Venezuela dijo…

Cuervo ingenuo

Fue en la casa de A. y F. donde escuché la canción por primera vez, hará ya unos diez años. A F. le gustaba particularmente y fue por eso que durante aquellas vacaciones de navidad que pasé con ellos, la escuché bastante. El autor de Cuervo Ingenuo es Javier Krahé, cantautor español que la dio a conocer en el concierto de Joaquín Sabina Y Viceversa en 1986, donde estuvo acompañado de Luis Eduardo Aute, Javier Gurruchaga, Ricardo Solfa y Krahé. Al parecer, poco antes del concierto, alguien dejó colar que la canción que estrenaría este último esa noche iba con todo en contra el entonces presidente, Felipe González, y el PSOE. El resultado fue que al tocarla, las cámaras de TVE, que grababan el concierto para su posterior transmisión por televisión, se apagaron, aunque sí salió en el disco que se grabó en aquella ocasión. Pero esta no fue la única represalia, además se cancelaron nueve presentaciones que tenía Krahé pautadas para promocionar su disco y recibió algunas llamadas en las que fue amenazado. "Lo único que sentí fue descubrir la baja estofa de nuestros políticos", comentó entonces al respecto. Sin embargo la canción fue un exito, y en una marcha organizada en Madrid todos los asistentes la cantaron a coro. Dice Krahé que él había confiado en las promesas que de cadidato hiciera Felipe González de retirar a España de la OTAN. Sin embargo, una vez presidente, sus aspiraciones se vieron defraudadas.

En este punto vale la pena citar unas palabras del escritor Oscar Marcano en entrevista para Ficción Breve: "Yo creo que el artista, por naturaleza, por definición, debe estar en contra de cualquier régimen, es decir, el artista tiene que pararse siempre en la acera opuesta al poder y escrutarlo con ojos saltones y denunciar toda la basura que tiene por dentro, sea el régimen o el gobierno que sea." A mí con esta frase de Oscar me gusta ir más allá, me gusta decir que hay que desconfiar de cualquier tipo de poder. "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", dice uno de los personajes de la película Kung Fu Hustle, de Stephen Chow. Pero la pregunta que suelo hacerme es ¿Quién, que detente poder, está dispuesto a ser absolutamente responsable con el poder que maneja? Recuerdo el 15 de agosto de 2004, el día del Referendo revocatorio. A pesar de mi incipiente embarazo estuve siete horas en una cola, hasta que pude votar. En la noche, luego de todas las prorrogas que dió el CNE, no podía domir. Estaba segura de que ganaría el Sí (sí estabamos de acuerdo en que el presidente Hugo Chávez saliera de su cargo). Estaba la prensa internacional acá, estaban los miembros del Grupo de Amigos y estaba el Premio Nobel de la Paz, Jimmy Carter. No podrían hacernos trampa. Había alguien con poder acá que velaba por los intereses de los venezolanos. El resultado ya lo sabemos todos. Ganó el No y extrañamente, lejos de una gran celebración lo que se sentía en el ambiente era pesadumbre, no había ambiente festivo en las calles. Después de tanto esperar a que se pronuncira el Centro Carter a favor de los venezolanos, cuándo esperábamos que hablara sobre las irregularidades que hubo durante el proceso, el ex presidente Carter salió cinco minutos en televisión para decir que todo había sido absolutamente transparente. Después de eso salió corriendo del país y lo que todos vimos en las últimas horas de votación fue "normal". Fuimos unos Cuervos Ingenuos que creímos en alguien con poder.

Recuerdo que hace unos diez años, cuando escuché por primera vez la canción de Krahé, estaba en campaña el hoy presidente de Venezuela. Recuerdo muchas cosas del discurso que usaba entonces, todas las promesas, incluso después de haber sido electo. Pero lo que no puedo dejar de recordar es aquel Chávez que decía que si la gente no quería que el presidente siguiera mandando podía pedir su salida con un referendo revocatorio. Ese es el mismo Chávez que ahora, enloquecido por el poder, pretende hacer eterna su estadía en la Presidencia de país. El mismo que busca legitimar su control absoluto de los poderes del Estado, con una Reforma que más bien es una nueva constitución, si tomamos en cuenta el número de artículos reformados.

Lo impresionante es que aún haya quien crea en las palabras de Chávez. A. y F., por ejemplo (sí, esos mismos con los que escuché Cuervo Ingenuo hasta el cansancio), siguen creyendo en sus palabras. Esos mismos que han visto cómo el estado Aragua, donde viven, es cada vez más pobre. Yo, por mi parte, nunca las creí. Yo, por mi parte, después del 15 de agosto de 2004, aprendí mi lección ¿la aprenderán A. y F.? No estoy tan segura. Creo que siguen siendo Cuervos Ingenuos. Yo le doy las gracias a Krahé, a Marcano y también claro, a Jimmy Carter.

Tú decir que si te votan
tú sacarnos de la O.T.A.N.,
tú convencer mucha gente,
tú ganar gran elección,
ahora tú mandar nación,
ahora tú ser presidente.
hoy decir que es alianza
ser de toda confianza
incluso muy conveniente,
lo que antes ser muy mal
permanecer todo igual
y hoy resultar excelente.
Hombre blanco hablar con lengua de serpiente.

Cuervo ingenuo no fumar
la pipa de la paz con tú.
¡Por Manitú!
¡Por Manitú!

Tú no tener nada claro
cómo acabar con el paro,
tú ser en eso paciente
pero hacer reconversión
y aunque haber grave tensión
tú actuar radicalmente.
tú detener por diez días
en negras comisarías
donde mal trato es frecuente,
ahí tú no ser radical,
no poner punto final,
ahí tú también ser paciente.
Hombre blanco hablar con lengua de serpiente

Tú tirar muchos millones
en comprar tontos aviones
al otro gran presidente
en lugar de recortar
loco gasto militar
tú ser su mejor cliente.
Tú mucho partido pero
¿es socialista, es obrero?
¿o es español solamente?
pues tampoco cien por cien
si americano también:
gringo ser muy absorbente.
Hombre blanco hablar con lengua de serpiente

La vida internacional

Chávez estuvo en Chile y ya todo el mundo sabe lo que pasó. Después estuvo en Arabia Saudita y Francia. Antes de Chile estuvo en Portugal y seguro se me olvida algún país. La lista de la comitiva presidencial que lo acompañó a Arabia ha estado circulando por correo electrónico. Me tomé el trabajo de contarlas: 224 personas en total (incluidos sus hijas y nietos). ¿Cuánto le costará al país semejante exabrupto? No sé por qué, pero me ha dado por recordar de nuevo El Emperador de Kapuscinski. No es que esté comparando a Cávez con Haile Selassie. Es sólo que no sé por qué, de verdad, pero me ha dado por recordarlo. Aquí otro fragmento:

T.:

¡Cuán maravillosa es la vida internacional! Basta con recordar nuestras visitas: los aeropuertos, las bienvenidas, la lluvia de flores, los abrazos efusivos, las orquestas, cada momento pulido por el protocolo y, más tarde los lujosos coches oficiales, las recepciones, los brindis escritos y traducidos, la gala y su brillo resplandeciente, los elogios, las conversaciones confidenciales, los temas mundanos, la etiqueta, el esplendor, los regalos, las grandes suites y, finalmente, el cansancio, sí, el cansancio lógico tras un día de tanto ajetreo, pero cuán magnífico y relajante, cuán refinado y honroso, cuán distinguido y digno, cuan… eso es, ¡cuán internacional! Y al día siguiente las visitas turísticas, las caricias a los niños, las ceremonias de recepción de regalos, la fiebre, el programa, la tensión, sí, pero agradable y de gran trascendencia, la tensión que libera por un momento de los problemas de palacio, que aleja las preocupaciones imperiales, que permite olvidar las peticiones, las camarillas, las conspiraciones, aunque el Benévolo Señor, siempre tan fastuosamente recibido por sus anfitriones e iluminado por los destellos de los flashes, nunca dejase de preguntar por telegramas portadores de noticias del imperio; en relación con los presupuestos, con el ejército, con los estudiantes. Incluso yo pude saborear aquellos espendores mundanos, yo, que dentro del séquito ocupaba uno de los diez lugares de la sexta fila, de octavo rango y de noveno nivel. Ten presente, amigo mío, que Nuestro Monarca mostraba una especial predilección por los viajes al extranjero. (….) Y se entragaba a aquel peregrinar con tanto ardor que algunos periodistas maliciosos de la prensa extranjera lo llamaban embajador volante de su propio gobierno y se preguntaban cuándo pensaba visitar ¡su propio imperio! Creo que este es el momento oportuno, amigo mío, para que juntos lancemos nuestros reproches a la falta de rigor e, incluso, a la mala fe de aquellos periódicos extranjeros que, en lugar de guiarse por la comprensión y el deseo de confraternización, no dudan en utilizar métodos infames entrometiéndose en asuntos internos, práctica a la que se dedican con especial deleite.

(….)

Sin embargo, ahora, cuando Su Noble Majestad ya ha exhalado su último suspiro en este abandono tan impropio, puedo confesar que yo me hice mi propia composición  de lugar acerca del porqué de la predileción del Emperador por viajes y visitas. Nuestro Señor sabía ver más hondo y su mirada iba más lejos que la de ninguno de nosotros. Y viendo así las cosas, comprendió que algo estaba tocando su fin y que él era demasiado viejo para parar el alud que se le venía encima. Cada vez más viejo e impotente. Cansado, agotado. Necesitaba una liberación, un alivio. Y esas visitas suyas le brindaban el ansiado descanso; le permitían airearse, tomar aliento. Por algún tiempo podía dejar de leer denuncias, de oír el estruendo de las manifestaciones y los disparos de la policía; por algún tiempo podía dejar de ver la cara de los tiralevitas y los aduladores. No tenía la obligación, aunque no fuese más que por un miserable día, no tenía la obligación, digo, de solucionar lo insolucionable, de curar lo incurable o de arreglar lo que no tenía arreglo. (….)

Así que su Suprema Majestad prefería desplazarse al extranjero porque allí, tras pronunciar discursos, mediar en conflictos, recomendar desarrollo, encaminar a los presidentes hermanos por la senda del bien y expresar sus inquietudes y preocupación por el destino de la humanidad, por una parte se distanciaba de los molestos y fatigoso problemas de su propio país y, por otra, ganaba una bendita compensación en forma de esplendor sublime y de los elogios llenos de buenos deseos de otros gobiernos y otras cortes. Y es que no debemos olvidarnos ni por un instante de que Nuestro Señor, a pensar de los sinsabores propios de una vida tan larga, nunca -ni en los momentos más difíciles de prueba y desaliento- cejó en su lucha, y, a pesar de la fatiga y de la necesidad de alguna compensación, en ningun momento se la pasó por la cabeza la idea de abandonar el trono; todo lo contrario: a medida que aumentaban las adversidades y crecía la oposición, más atención dispensaba a la hora militar-policíaca, en el curso de la cual fortalecía la durabilidad del Imperio y el orden imprescindible.

P.D.: Si alguien quiere puedo enviarle el correo con la lista.

Premio de cuento para jóvenes autores

La Policlínica Metropolitana convoca al Premio de Cuento “Policlínica Metropolitana” para Jóvenes Autores en su edición de 2008. En este certamente podrán concursar todos los autores venezolanos o extranjeros residenciados en el país, con un cuento entre 5 y 30 cuartillas. Se instaura un primer premio de Bs. 5.000.000 un segundo premio de Bs. 2.000.000 y un tercer premio de Bs. 1.000.000, además de la publicación de los textos ganadores y las menciones que considere el jurado. Se podrán enviar por correo electrónico u ordinario hasta el 15 de febrero de 2008, y el veredicto se anunciará el 15 de abril. Más información acá

Otra postal para la indignación

La semana que pasó fue muy fructífera para la indignación. Por todos lados se pudo apreciar el video y las fotos que la motivaron. He aquí una muestra más para que esta siga aumentando. El artículo y la foto que copio acá abajo lo tomé de Ficción Caracas. Lástima que de ficción sólo tiene el nombre del blog.

A falta de “batasos”, buenos son los “palasos”

Faltan menos de 20 días para el referendo para la reforma (transformación brusca y total del pacto social venezolano). En un alarde de desprecio por sus electores, el gobierno no sólo ha desechado la idea de hacer debates con el bloque del NO, sino que además quiere convertir el asunto en una elección presidencial. Los slogans del gobierno dicen cosas como: “Con Chávez sí”, o “Ahora sí con más poder para el pueblo”, pero nunca entran de lleno en la difusión del contenido, más allá de propaganda en los diarios que destacan que “por la jornada laboral de 6 horas, sí con la reforma”. Es decir, agarrándose de un rasgo que ellos consideran característico del venezolano (que es flojo) suponen que el pueblo les va a comprar el paquete completo. En los barrios más pobres están haciendo trabajos que es su deber y que habían estado postergando por razones estratégicas (como meter gas directo, en el caso concreto de Lídice), y a cada 50 metros unas enormes vallas con la cara de Chávez le explican a la gente que esos recursos llegan a ellos gracias al aporte de la Nueva PDVSA Gas. La idea es que los pobres crean que si le dice no a la reforma, las mejoras para su sector quedarán en el limbo. Jamás les dicen que Chávez (que tiene 9 años gobernando) gobernará hasta el 2013 gane o pierda su proyecto de reforma.
Mientras tanto, toda disidencia, protesta o intento de difundir el lado perverso de la reforma, es inmediatamente descalificado por el mismísimo líder del proyecto (”hijitos de los ricos” llama a los miles de estudiantes que marchan en Caracas y todo el país). Apenas se sucede alguna escaramuza o hecho violento (como el ataque armado a la UCV o los disturbios en la marcha al CNE), el gobierno, en cadena nacional, criminaliza las protestas y les da una explicación tendenciosa a los hechos. El asunto no es discutir, sino apelar a la fidelidad del electorado con Chávez, que es “el único que puede pintar el cuadro”, como una vez lo dijo sin ningún pudor.
No faltan ni veinte días. Amenazas, represión, pistolas donde aparezcan ideas. Palos (¿Serán esos los batasos* con que amenazó Chávez en su discurso de hace dos domingos en Caracas?) donde aparezcan protestas. Para muestra un botón. Con todo y derechos constitucionales intactos.
La foto es de El Nacional. La leyenda dice textualmente: Argenis Castillo, estudiante y ex funcionario del CNE-Barinas, intentó mediar en la protesta de ayer en el núcleo de la Universidad Santa María del estado llanero. Fue salvajemente golpeado. (a falta de batasos, bueno son los palasos).

* batasos: Batallones Socialistas, extraño nombre que le dio Chávez a las unidades electorales encargadas de defender el si en las comunidades. “Le vamos a entrar a ‘batasos’”, advirtió en su discurso televisado.
A la orden, mi comandante, dijo el policía del casco.

El Emperador

Este es un fragmento del libro El Emperador, de Ryszard Kapuscinski, el cual agradezco profundamente a nuestro amigo Linus Lowel, que lo trajo a Caracas desde Alicante para Héctor. Creo que el fragmento en sí no requiere de explicaciones.

Z.S-K.:

Un año después de la revuelta en Godjam –que al mostrar la cara atrozmente implacable del vulgo, conmocionó a palacio y metió el miedo en el cuerpo a los altos dignatarios, y no sólo a ellos porque también a nosotros, los siervos de bajo rango, nos puso los pelos de punta– me ocurrió una desgracia personal particularmente dolorosa, pues mi hijo Hailu, en aquellos años angustiosos estudiante de universidad, empezó a pensar. Así como suena, empezó a pensar; y debo aclararte, amigo mío, que en aquella época tal costumbre constituía una nada recomendable e, incluso, una molesta deformidad que Su Majestad Imperial, constantemente preocupado por el bien y la comodidad de sus súbditos, nunca dejó de hacer lo posible para protegerlos de semejante tara y mutilación. Al fin y al cabo ¿qué razón había para que perdieran el tiempo que debían dedicar a la causa del desarrollo en turbar su propia paz interior y llenarse la cabeza con toda clase de ideas subversivas? El hecho de que alguien decidiera pensar o se metiera, desafiante, en los círculos de aquellos que pensaban, aunque lo hiciera sin proponérselo, no podía conducir a nada decente ni bueno. Y ésa fue, precisamente, la imprudencia que cometió el frívolo de mi hijo. La primera en notarlo fue mi mujer, a quien su instinto de madre le había advertido que espesos nubarrones se cernían sobre nuestra casa. Fue ella quien un día me dijo: «Hailu debe de haber empezado a pensar. Se ha vuelto muy, pero que muy triste.» Así fue aquella época; los que observaban lo que sucedía en el Imperio y reflexionaban sobre lo que les rodeaba, caminaban tristes y pensativos y con una mirada en la que se reflejaba una profunda inquietud, como si presintiesen algo aún impreciso, aún inconfesado. Rostros así se encontraban, por lo general, entre los estudiantes, quienes —debo añadir— daban a Su Majestad cada vez más disgustos. Me parece increíble que la policía nunca hubiese dado con esa pista, con esa relación entre el pensar y su reflejo en uno u otro estado de ánimo, pues si la hubiese descubierto a tiempo, le habría resultado fácil neutralizar a los pensadores que, con su actitud de eternos insatisfechos, de refunfuñadores impenitentes, maliciosamente reacios a mostrarse contentos, tantos disgustos y quebraderos de cabeza habían ocasionado al Venerable Señor. Su Májestad, empero, demostrando más perspicacia que sus policías, comprendió que la tristeza podía conducir a pensar, al desánimo, al público abucheo, a la total desgana, y por eso ordenó que el Imperio entero se convirtiera en un gran escenario de fiestas, ferias, bailes y mascaradas. Su Noble Majestad en persona mandó iluminar palacio, dio banquetes a los pobres e incitó a la alegría. Y de tanto comer y tanto bailar, a su Señor no paraban de loar. Y la diversión muchos años duró, y finalmente a la gente embotó; tanto que cuando se encontraba, de entretenerse sólo hablaba, a ver quién ríe más, desafiaba; criaturas fantásticas cantaba, leyendas fabulosas evocaba. Pobres pero felices. Descalzos pero alegres. Inasequibles a la tristeza a despecho de tanta pobreza. Y sólo los que pensaban, los que veían cómo todo se hacía más mezquino, se corroía, se volvía gris y se hundía en el fango, no encontraban motivos de alegría. Estos perturbaban a los demás incitándoles a reflexionar, pero esos otros, aunque nunca hubiesen pensando, resultaron ser más inteligentes; no se dejaban arrastrar, y, cuando los estudiantes se ponían a perorar en un intento de convencerles, se tapaban los oídos y desáparecían lo más de prisa posible. Y es que ¿para qué saber si es mejor ignorar? ¿Para qué ir a lo difícil pudiendo escoger lo fácil? ¿Para qué gastar saliva cuando el callar es bueno? ¿Para qué meterse en los asuntos del Imperio si en nuestra propia casa hay tanto que hacer, tanto que comprar?

Pues bien, amigo mío, viendo que mi hijo se lanzaba a tan peligrosa aventura, intenté detenerle, disuadirle, animarle a que se divirtiera, mandarle a excursiones; hasta hubiera preferido que se hubiese entregado al vicio de la vida nocturna que esos condenados manifiestos y conspiraciones. Imagínate mi horrible, mi terrible angustia: el padre en palacio y el hijo en el antipalacio; yo, saliendo a la calle protegido de mi propio hijo por la policía, ya que éste participaba en manifestaciones y lanzaba piedras. Yo no paraba de decirle: deja de pensar de una vez, que no te conduce a nada bueno; no pienses y diviértete, fíjate en los que hacen caso a los hombres inteligentes, mira sus caras serenas, sus frentes depejadas, sus ceños sin fruncir; mira cómo ríen cada día más, cómo gastan sus energías en divertirse, y si algo les preocupa es cómo forrarse; el Señor siempre ha mirado con buenos ojos tales ambiciones  y aspiraciones y no deja de pensar en cómo aliviar y hacer la vida acogedora a sus bienamados súbditos. «¿Y cómo –me responde Hailu– puede haber contradicción entre un hombre que piensa un hombre inteligente?; si no piensa, no puede ser inteligente.» «Pues claro que puede serlo –le digo yo–, sólo que él ha dirigido sus pensamientos hacia un puerto seguro, abrigado, recóndito no a las rugientes ruedas de un molino, que trituran, y allí los ha depositado suavemente y los ha dejado de manera que nadie pueda meterse con ellos y ha aprendido a vivir sin ellos.» Pero era demasiado tarde. Hailu vivía ya en otro mundo; para entonces la universidad, situada cerca de palacio, se había convertido en un auténtico antipalacio, y sólo los más valientes y atrevidos podían aventurar una incursión hasta allí, puesto que el espacio entre la corte y la docta institución recordaba cada vez más un campo de batalla donde se jugaba el destino del Imperio.